Las 10 sombras del acoso escolar

La pasada semana se estrenó en televisión “Proyecto Bullying” el cual tiene la finalidad de concienciar a la sociedad de la realidad sufrida por aquellos menores que día si y día también se enfrentan a sus acosadores en el entorno escolar. A su vez invita a qué, aquellos compañeros que son conscientes de la situación que vive su compañero maltratado, sea “valiente” y denuncie la situación ante el profesorado o cualquier otro adulto.

El acoso escolar o también conocido como “bullying” es aquel tipo de maltrato entre iguales, dirigido a menoscabar y/o degradar física y/o psíquicamente al menor considerado como débil.

Por otro lado, el ciberacoso o “ciberbullying” es un subtipo de la modalidad anterior, que gracias a la introducción, cada vez más temprana, de las nuevas tecnologías en la vida de los menores, permite que éstos lleven a cabo estas conductas dañinas 24/7.

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud de fecha marzo de 2016, que analizaba un total de cuarenta y dos países de Europa y América del Norte, España se encontraba en séptima posición del ranking, consolidándose así como uno de los países donde mas ciberacoso sufren los menores, en especial adolescentes de 13 años.

La labor de concienciación para paliar estas conductas debe comenzar en el entorno familiar, ya que no son otros que los padres los que deben advertir a los menores del peligro que puede entrañar el mundo virtual para ellos, ya que tras una ingenua acción por su parte podría esconderse alguien detrás de una pantalla que tenga la intención de menoscabar su integridad.

Netiquetas

A su vez es importante que se instalen en los dispositivos tecnológicos del hogar, controles parentales para limitar o bloquear el acceso a determinadas páginas web o aplicaciones, se conciencie de la importancia de la privacidad y por tanto de la importancia sobre la protección de los datos y se inculquen en el espacio virtual, al igual que en el espacio físico, una serie de normas o reglas de conducta que deben seguirse en los diferentes ámbitos que comporta la red, es decir, correos electrónicos, redes sociales, foros, chats etc.

Estas reglas son conocidas como netiquetas y la falta de aplicación de ellas, al igual que las normas sociales, predispone al acoso escolar tradicional y además puede dar lugar a conductas de ciberacoso. Acciones como dar información a terceros sin su consentimiento, difamar mediante comentarios, incorporar fotos inapropiadas o mentir acerca de un compañero, implica por un lado ausencia de netiquetas y por otro lado presencia de “ciberbullying”.

Toda esta información va encaminada a conseguir un objetivo común, que se construya un espacio virtual seguro y privado donde prime la convivencia y respeto mutuo.

Consecuentemente con ello, debe tenerse presente la importancia que tiene la labor docente en esta materia, ya que se entiende que el centro educativo es el origen del germen de esta conflictividad. Muchos de los padres, cuyos hijos han sido víctimas de acoso escolar y la extrema situación a la que estaban sometidos ha implicado que finalizasen con sus vidas, ponen de manifiesto que el centro escolar no activó el protocolo de actuación, que se contempla para dichos casos, a tiempo.

Según las encuestas realizadas en los últimos años se pueden extraer las siguientes conclusiones:

  1. Las denuncias por acoso escolar tuvieron en el año 2016 una incidencia de un 75 por ciento frente a las interpuestas en el año 2015.
  1. La edad media de los menores que padecen bullying se sitúa en torno a los 12 años, mientras que para el ciberbullying se sitúa en 15 años.
  1. Las menores sufren más situaciones de ciberacoso y acoso que los niños, con unos porcentajes totales de un 19,1 por ciento para las niñas frente a un 12,3% para los niños.
  1. El teléfono móvil es la herramienta básica para llevar a cabo conductas de ciberacoso y la aplicación WhatsApp se consagra como el medio fundamental para ejecutar tales prácticas.
  1. EL 30´6 por ciento de los casos se considera de alta gravedad puesto que las acciones físicas de acoso llevan aparejadas acciones de agresión, situaciones que pueden prolongarse a lo largo de un año.
  1. El 31 por ciento de los menores sufren en silencio frente a un 85% que decide comunicarle la situación a padres o docentes.

Es evidente que los resultados preocupan y que deben adoptarse todos los mecanismos posibles para poner fin a estas conductas.

Protocolo contra el ciberacoso

En este extremo es interesante hacer mención a la instauración, por parte de la Junta de Andalucía, de un protocolo en relación con el ciberacoso. Como se ha mencionado con anterioridad, existen protocolos de actuación que deben poner en marcha los colegios, para denunciar la situación de acoso y poner en funcionamiento una serie de diligencias con el fin de paliar el maltrato y ofrecer ayuda a aquél que está siendo víctima, pero éstos solo hacen referencia al acoso en el espacio físico y no en el espacio virtual.

Pues bien, con esta nueva medida se pretende que el profesorado que tenga sospecha de que algún alumno está siendo por parte de compañeros el objetivo de burlas, insultos y desprecios entre otros, podrá retirarle el dispositivo móvil. Se introduce, por tanto, una nueva vía de supervisión y control, como medida de carácter urgente, puesto que deberá atenderse al caso en concreto.

Asimismo, estas medidas pueden implicar una vulneración de los derechos de (i) secreto de las comunicaciones, (ii) protección de datos y (iii) derecho a la intimidad, que le son reconocidos al menor en el ordenamiento jurídico español. Para ello deberá llevarse a cabo una ponderación exhaustiva entre los citados derechos y las medidas a adoptar, ya que la finalidad de los registros ha de ser educativa y responderá de los principios de excepcionalidad, proporcionalidad, necesidad, provisionalidad y prohibición de exceso, por tanto ésta debe aplicarse con la mínima intensidad y por el tiempo estrictamente necesario, respetando en todo momento los derechos inherentes del menor.

Es importante que se tengan en cuenta los derechos de los menores y junto a estos la adopción de aquellas medidas que sean lo menos agresivas e intromisivas en la esfera íntima del menor.

La indicada medida deberá adoptarse como último recurso y para ello será necesario, como requisito esencial, que la conducta llevada a cabo pueda suponer un riesgo directo de autolesión o de lesiones a terceros.

Para la retirada del dispositivo será necesario contar con la previa autorización de los progenitores o tutores legales a los cuales se les informará del procedimiento de inspección a seguir y las finalidades para las cuales se recaba su consentimiento.

Para el supuesto de que no se cuente con autorización necesaria pero existan sospechas de que están teniendo lugar conductas gravosas, se establece que ni los profesores ni el personal docente podrán acceder al contenido del dispositivo, simplemente deberán “ocuparlo” y ponerlo a disposición, ya bien de los padres o tutores e incluso de los propios menores.

Autorización para usar teléfonos móviles

Muchos centros escolares llevan a cabo planes mediante los cuales se configuran normas de convivencia que permiten integrar los dispositivos móviles para aquellas actividades propias del centro y con carácter educativo, debiendo estar el uso autorizado por el docente así como éste quedará bajo su supervisión, la utilización del dispositivo y para ello debe contarse con la debida autorización y por tanto con consentimiento de los padres o tutores. Se estipulan a su vez sanciones para las posibles infracciones que se puedan producir.

A su vez, comunidades autónomas como por ejemplo Castilla-La Mancha, la región de Murcia o Cataluña a través de leyes, decretos, o documentos establecen que “el uso sin autorización, de teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos en las aulas u otras dependencias del centro” podrán constituir una falta leve.

Por tanto, debe tenerse en cuenta y debe considerarse como un posible modelo, el de protocolo brevemente descrito e instaurado por la Junta de Andalucía, puesto que va encaminado a reducir las conductas lesivas entre menores y al mismo tiempo otorga la facultad al centro escolar de actuar como autoridad de control y supervisión, siendo por tanto pionero en el ámbito educativo y haciendo un análisis a largo plazo, podría implicar que las conductas lesivas entre menores empiecen a reducirse debido a la potestad concedida al cuerpo docente.

Toda la comunidad educativa así como el entorno familiar de los menores, deben poner en marcha todas aquellas actividades encaminadas a reducir los casos de acoso escolar y ciberbullying y denunciar estas actitudes y acciones degradantes.

Según Europa Press, el número de teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (900 018 018), el cual fue puesto en marcha a principios de noviembre de 2016 ha recibido, según los datos en fecha 31 de diciembre del pasado año, un total de 5.552 llamadas, de las cuales se han identificado un total de 1.955 posibles casos de “bullying”.

Las diez sombras del acoso escolar hace alusión a los 10 motivos extraídos de un informe elaborado por Save the Children el cual indica que entre otros, los motivos frecuentes por los que emprenden tales conductas son los siguientes:

  1. Para gastarle una broma.
  2. Para molestarle
  3. Para vengarse.
  4. Porque le tienen manía.
  5. Porque les provocó.
  6. Por sus características físicas.
  7. Por cultura, raza o religión.
  8. Por su orientación sexual.
  9. Por los gustos extraescolares.
  10. No lo saben.

Debe infundirse, tanto en los hogares como en los centros educativos, todas estas normas mencionadas y relativas a una educación sana y ejemplar en Internet, promoviendo valores y conductas encaminadas a hacer de la red un entorno seguro y que aquellos que se creen “valientes” por llevar a cabo acciones que pretenden dañar a los demás, no dejan más que constancia de la necesidad de sentirse superiores física y/o intelectualmente, convirtiéndose en este caso en cobardes, ya que utilizan el medio más atroz, como es la violencia, para hacer eco de su poder.

Valiente es aquel menor que acude todos los días al colegio sabiendo que será objeto de burlas e infamias.

Valiente es aquel compañero conocedor de lo que le ocurre a otro y lo pone en conocimiento de un adulto, a pesar de las posibles repercusiones que este hecho pueda tener sobre él.

Valiente es aquel que intenta proteger a su amigo o compañero cuando éste se encuentra en medio y medio de una pelea.

Por tanto, se hace necesario recordar: “que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no merezca la pena”.

Fuente: www.confilegal.com

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